PASTORAL

2 de julio: Santos y beatos de la Compañía de Jesús

Antonio Baldinuchi

Nació en Italia, tenía una salud débil que le impidió ir como misionero a otros países, pero sí tuvo una intensa vida en su propio país.

Baldinucci pasaba las tardes de los domingos en las plazas de la ciudad, animando a los que se le acercaban a que fuesen a escuchar las misiones que se daban en las parroquias.

Fue una práctica que no dejó nunca. Entre 1697 y 1717 visitó 30 diócesis y dio una media de 22 misiones al año. Su predicación era sencilla pero viva, a veces alcanzaba cierto dramatismo y era efectista. La gente le reconocía como persona de profunda oración y extraordinaria penitencia.

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Juan Francisco Regis

Juan Francisco Regis (1597-1640) trabajó con católicos muy abandonados tras el conflicto civil entre calvinistas y católicos que devastó Francia. Gran parte del sur de Francia había caído bajo el control de los hugonotes, que destruyeron iglesias y asesinaron a sus sacerdotes. Los misioneros del país como Regis tenían el deber de revivir una fe antes tan intensa.

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San Bernardino Realino

Bernardino Realino (1530-1616) Casi toda su vida en la Compañía transcurrió como la de un humilde cura párroco, tras haber renunciado a una brillante carrera como abogado. Nacido cerca de Módena en Italia, el 1 de diciembre de 1530, comenzó estudios de filosofía y medicina, pero dio un giro al poco tiempo porque pensaba que ser abogado le procuraría mayor promoción personal y más riqueza. Sus conexiones familiares le permitieron ser alcalde de Felizzano a la edad de 26 años. El puesto llevaba consigo actuar como juez. Al final de un primer período la gente, reconociendo su honradez, pidió que volviera a ser nombrado. A éste siguieron otros cargos, hasta que el marqués de Pescara lo tomó a su cargo para que fuese alcalde de Castelleone.

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San Francisco de Jerónimo

Francisco de Jerónimo (Francesco de Geronimo, 1642-1716) no se movió nunca de los alrededores de su lugar de nacimiento en Taranto, al sur de Italia, pero los años que trabajó en Nápoles no dejan de ser dramáticos. Hijo mayor en una familia de once hijos, se fue con los padres teatinos a los 10 años para poder estudiar. Acompañaba a los teatinos en sus misiones por pueblos cercanos. Como quería ser sacerdote se dedicó al estudio de los clásicos y de la filosofía en un colegio de jesuitas de Taranto, para luego trasladarse a Nápoles para estudiar derecho civil y canónico. Los jesuitas le contrataron para que hiciera de prefecto con los hijos de los hijos de la nobleza que estudiaban en su colegio. Tras verse asociado a los jesuitas a lo largo de los años, de Jerónimo acabó entrando en el noviciado a los 28 años.

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Beato Julián Maunoir

Julián Maunoir (1606-1683) entró en la Compañía con el deseo de ser misionero en Canadá, pero encontró su verdadera misión en Bretaña, sirviendo a la gente olvidada del norte de Francia. Maunoir había nacido en el pequeño pueblo de Saint-George-de-Reintembault el año 1606 y había estudiado en el colegio de la Compañía en Rennes, donde sus profesores le hablaban frecuentemente de los jesuitas misioneros de China, Japón y Canadá. Tras haber entrado en la Compañía el año 1625, vio como bastantes compañeros eran enviados a misiones, entre ellos los santos Isaac Jogues y Gabriel Lalemant. Pero los caminos de Maunoir le llevaron hacía las gentes de Bretaña, una vez que hubo aprendido a predicar en la difícil lengua bretona durante su formación.

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