29 de junio: Fiesta de San Pedro y San Pablo

San Pedro fue uno de los doce apóstoles. Su nombre era Simón pero Jesús lo llamó Cefas que significa “piedra” y le dijo que él sería la piedra sobre la que edificaría Su Iglesia. Tenía un carácter fuerte e impulsivo. Su vida nos enseña que a pesar de la debilidad humana, Dios nos ama y nos llama a la santidad, que el Espíritu Santo puede obrar maravillas en hombre y mujeres comunes y lo hace capaz de superar los más grandes obstáculos.

 San Pablo era inteligente y bien preparado pues aprendió en las mejores escuelas de Jerusalén. Fue educado en la fe judía y consideraba que los cristianos eran una amenaza, por eso pasó parte de su vida persiguiéndolos hasta que en la ciudad de Damasco se le apareció Jesús en medio de un gran resplandor y le dijo “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos de los Apóstoles 9, 1-9. 20-22), ese día perdió la vista hasta que por intermedio de Dios, le regresó don de la vista y fue bautizado como Pablo. Fue a Jerusalén para ponerse a la orden de San Pedro.

 

Pablo tuvo una conversión total y fue llamado como “apóstol de los gentiles” pues llevó el evangelio a todos, no solo a los judíos. Realizó cuatro grandes viajes apostólicos para llevar el mensaje de salvación, creando comunidades cristianas en los lugares por donde pasaba y enseñando y apoyando a las comunidades ya existentes.
San Pablo nos enseña que debemos ser apóstoles, anunciar a Cristo comunicando su mensaje con la palabra y el ejemplo. También nos enseña el valor de la conversión dejando la vida de pecado para dedicarla a la santidad.

Los cadáveres de San Pedro y San Pablo estuvieron sepultados juntos por unas décadas, después volvieron a sus sepulturas originales. En 1915 se encontraron ambas tumbas en cuyos muros se leían expresiones piadosas; se cree que en este lugar se llevaban a cabo las reuniones de los primeros cristianos.

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